|
|
23 Febrero 2006
127. Paté con mermelada y sueños. EXT./DÍA

En mi poco admirada "Lucía y el sexo", hay una secuencia en la que Lucía afirma algo así como: "Siempre me ha fascinado la gente que cocina bien". No me acuerdo de la frase exacta (que algún fan acérrimo de la peli me la refresque), pero el caso es que a mí me sucede lo mismo que al personaje que interpreta la señorita Paz Vega. Es decir, a mí me fascinan Samuel y Sonia.
El viernes pasado, Samuel nos invitó a Ale, a Sonia y a mí a cenar en su casa. En teoría, antes de la cena, debíamos ensayar un rato el guión de "Nuestro propio cielo", pero al final nos dejamos llevar por la pereza del fin de semana y se nos fue la pinza en una larga, amena y distendida charla acerca de fantasías de diversa índole, recuerdos agridulces, acogedoras viviendas con decoración estancada y secretos revelados en voz baja.

Luego, Samuel, todo un señor chef, y Sonia, experta ayudante de cocina, prepararon, en asombroso tiempo récord, una exquisita selección de manjares. Como entrantes: unas croquetas muy ricas, una especie de buñuelos de queso (Samuel, no me mates por llamarlos "buñuelos", ¡es el único término que se me ocurre para designarlos!) y paté con mermelada, mezcla esta última que jamás había probado. En definitiva, gloria bendita para mi atrofiado paladar, excesivamente acostumbrado al repulsivo regusto de la comida de microondas.
Y, sin duda, Samuel es la revelación de la temporada: un tío carismático, una enciclopedia andante de datos relacionados con el cine español y un adicto como yo a las canciones tristes.

Me quedé casi lleno con los entrantes, pero aún había más: delicioso pollo con verduras. Que vivan los sabores orgásmicos... Después del pollo, Sonia nos brindó un postre de su exclusiva cosecha: extasiante mousse de limón. "Me comería un cubo de esto", aseguró Ale. Y Sonia prometió prepararle un cubo de mousse, pero no explicaré bajo qué condiciones... Je.

Como podéis comprobar por las imágenes que ilustran esta gastronómica secuencia, me harté de apuntar a Ale, Sonia y Samuel con mi cámara. Soy terriblemente plasta, pero es que ellos constituyen verdaderos polos magnéticos para cualquier objetivo.
Prometimos rodar algo juntos, los cuatro, y espero que pronto materialicemos algún proyecto. De momento, aquí abajo va una imagen de trío, en homenaje a dos de nuestras pelis favoritas sobre tríos: "Y tu mamá también", de Alfonso Cuarón, y "Soñadores", de Bernardo Bertolucci.

Tras la cena, mientras sonaban canciones de Julieta Venegas, hablamos de la cruz de los grandes sueños, de la pesada carga que suponen y conllevan. Y, así, cumplimos un ritual que casi nunca falla cuando nos juntamos unos cuantos masoquistas de esto del cine. El ritual consiste en maldecir durante un rato nuestras, por momentos, atosigantes vocaciones artísticas, en este caso, ellos como actores y yo como directorcillo.
Y nos autoflagelamos y deseamos no soñar tanto o haber nacido con sueños más llevaderos, más fácilmente materializables y menos expuestos al frustrante abismo... Pero el ritual nunca se alarga más de lo necesario y siempre concluye de la misma manera: cada uno de nosotros termina reconociendo irremediablemente que, en el fondo (y, muchos días, también en la superficie), nos apasiona nuestra cruz, nuestra constatada incapacidad para dedicarnos a cualquier otra cosa.
Rienda suelta a los grandes sueños... El viernes fue un día de recorridos en volandas. Un día extraño, divertido, semialegre y también semitriste.
FUNDIDO A NEGRO
|
|