19 Febrero 2006

125. La amistad intermitente. EXT./NOCHE



La otra noche estuve un rato con Píter y con Pablo. Hacía tiempo que no coincidíamos los tres. Supongo que este tipo de reencuentros, tras más de cinco años de amistad intermitente, ayudan a no perder la perspectiva.

Con Píter me he mosqueado sólo una vez, pero con Pablo me habré peleado y/o dejado de hablar unas setenta y tres veces... Quizás me quedo corto. En cualquier caso, en noches como la de la foto de arriba, ninguno se acuerda de los días en que nos tiramos de los (pocos) pelos, de los "tú me dijiste" y los "yo te dije", de las llamadas sin responder, de los mensajes rastreros en los que escribimos "no pienso hablarte nunca más", de los e-mails en los que juramos aborrecernos... Hemos sobrevivido a todo eso. Y me alegro.

Y es que, por más que lo intento, no sé comportarme como un amigo normalito, estable, de ésos aburridos y de toda la vida. Yo, como mucho, soy un amigo de toda... la semana o, con un poco de suerte, de todo el mes. Soy algo así como un amigo constantemente al borde de un ataque de histeria, propenso a provocar cataclismos temporales, experto en confusiones varias y en sentimientos difusos y poco etiquetables. Me desgano habitualmente, me decepciono con facilidad y me reboto a la mínima de cambio. Dicen que "susceptible" es mi segundo nombre, pero me temo que a veces lo hago adrede. Mi mente de guionista sin ideas necesita conflictos casi tanto como respirar. Deberíais comprenderlo.

La otra noche olvidé brindar con Píter y con Pablo por la amistad sólidamente intermitente y por los futuros e irremediables cataclismos. Brindaremos la próxima vez...

FUNDIDO A NEGRO