03 Febrero 2006

119. Frases lapidarias. INT./NOCHE



Cucún y yo encontramos este vaso en una mesa del Starbucks Coffee. Gabriela estuvo allí antes que nosotros. Y, sin nada mejor que hacer, investigamos el tipo de café que tomó ella. Y nos dedicamos a aventurar cómo es Gabriela, qué edad tiene, a qué se dedica, de quién está enamorada... Cosas de la estúpida manía del Starbucks de escribir los nombres en los vasos...

Eso sí, nos asqueamos cuando quitamos la tapa y a mí me pareció vislumbrar una especie de tampón usado en el interior del vaso. Al final resultó una falsa alarma: lo que había dentro era en realidad un desagradable remolino de servilletas... Qué lástima. Si hubiera sido lo que me pareció en un principio, nos habríamos convertido en fans inmediatos de Gabriela, esa chica acostumbrada a cambiarse el tampón en el servicio del Starbucks para luego introducirlo en el mismo recipiente en el que ha tomado el típico mejunje lechoso que te sirven allí pidas lo que pidas.

En la foto de abajo, Cuc reflexiona sobre el previsiblemente fascinante modo de ser de Gabriela. Atención a la señora cotorra de detrás, la de azul, que no paraba quieta ni un segundo. Ya puestos, también intentamos imaginar la vida de la mujer de azul, pero lo cierto es que llegamos a conclusiones mucho menos ensoñadoras.



Cucún y yo acabamos en el Starbucks Coffee tras un frustradísimo intento de almorzar en... ¡el Planet Hollywood! Y es que... ¡lo han cerrado! Me pregunto por qué, si se trata de un cierre definitivo o algo así. De todos modos, sé lo que estáis pensando, no creo que se os ocurra algo más retro que comer, a estas alturas de la vida, en un restaurante de la franquicia fundada por Bruce Willis, Schwarzenegger y Stallone en su momento de máximo apogeo popular... Por desgracia, el Planet Hollywood, al menos el de Madrid, ha seguido los mismos y alicaídos pasos que la carrera cinematográfica de sus tres socios accionistas.

El sitio ya no era ni la sombra de lo que fue ni se habían molestado en cambiar la decoración en los muchos años que han pasado desde que se abrió (sus paredes seguían pobladas de atrezzo, falso por supuesto, de pelis tan olvidadas como "La máscara" o "Cop Land", por no hablar del cochambroso Terminator de la entrada), pero a mí me ha causado un profundo y traumático impacto el hecho de contemplar sus puertas cerradas.

"Vamos al Vips, que hace frío", propuso Cucún inmediatamente después de que nos encontráramos con la nefasta realidad del cierre del restaurante. "Dame dos minutos para asimilarlo", le pedí con voz afectada. Cuc es un insensible. ¿Cómo pretendía que cambiara así como así un mítico Planet Hollywood por un cutre e impersonal Vips? Al fin y al cabo, yo aún comía en el Planet algunas veces e incluso cenamos en una de sus mesas el día en que Irene cumplió dieciocho años. Además, ¿dónde celebrará ahora Belén Esteban los cumpleaños de Andreíta? Vale, paro ya con los comentarios petardos...

De verdad deseo que el cierre haya sido meramente transitorio. Me pasaré un día de éstos por allí para comprobar si está abierto de nuevo... Ojalá. Recuerdo la primera vez que almorcé en el Planet Hollywood. Fue en el verano de 1999, cuando hacía prácticas en Torrespaña y por las tardes me dedicaba a deambular por Madrid sin amigos ni conocidos en la ciudad. Aluciné bastante esa primera vez y, en plan niñato flipado, llamé a Nauzet para narrarle lo que veían mis ojos en las paredes... "¡Está el sombrero de Indy!", le conté. Luego descubrí que, bajo el sombrero, había una placa en la que podía leerse: "Sombrero como el que se usó en 'Indiana Jones y el templo maldito". Como el que se usó... Esto no se lo conté a Nauzet, pero sólo había que leer las placas para toparse de bruces con el fraude engaña-bobos que realmente era el Planet Hollywood. Aún así, a ratos, los fraudes tienen su gracia y aquel verano yo necesitaba que me engañaran un poco para no escapar a Barajas y huír a Lanzarote en el primer avión que despegara.

Volviendo al Starbucks, mirad abajo para comprobar que hay gente que parece no haber visto nunca una camarita de vídeo. Je. Me refiero a una de las camareras, que me miraba y sonreía coquetamente cada vez que pasaba por detrás de Cucún y atravesaba mi encuadre chupando cámara. "Uy, ésta quiere un papel", aseguró Cuc. Pues era fotogénica la chica.



El encuentro con Cucún, en cualquier caso, resultó propicio para las frases lapidarias. También ayudó el hilo musical del Starbucks Coffee, que parece una selección de cancioncillas propias de un episodio de "Dawson crece" o "Felicity". Y es que yo ando necesitado de frases lapidarias estos días...

Resulta que he empezado como dialoguista en una telenovela que pronto se comenzará a grabar. Y esta semana he dialogado mi primer capítulo. Ha sido una experiencia curiosa. Como todo buen culebrón, las escaletas están plagadas de conspiraciones, puñaladas traperas, crueldad, venganzas, secretos oscuros, encontronazos, discusiones, adulterios, pasiones prohibidas, comentarios malintencionados... He cogido cariño instantáneo a algunos personajes, sobre todo a las tres o cuatro pécoras viperinas que campan a sus anchas haciendo y deshaciendo en el argumento con sus villanos actos. Las malas siempre estimulan más que las buenas.

Si, tras dialogar este primer capítulo, no me despiden fulminantemente por mi exceso de intensidad, creo que disfrutaré con el encargo. Para un guionista como yo, obsesionado con la contención y la sobriedad, dialogar una telenovela es un sano desahogo. Disfrutaré escribiendo frases extremas, descarnadas y sanguinolentas, pero me temo que, para ello, en busca de inspiración, deberé acrecentar el tono telenovelesco de mi propia vida. Creo que no me costará especial esfuerzo...

Que se preparen aquéllos y aquéllas que me conocen, porque voy a ser más insoportable que nunca en pos de acumular frases lapidarias para usarlas luego en los diálogos de los capítulos. Provocaré que os enfadéis constantemente, que me odiéis, que me abofeteéis, que me escupáis todo tipo de improperios a la cara, que me maldigáis antes de arrojarme escaleras abajo. Y tomaré nota de todo...

Voy a enamorarme cada día para romper a la mañana siguiente, porque necesito amar de todas las formas posibles así como probar todos los tipos de rupturas habidas y por haber. Me hace falta escuchar y pronunciar las frases más cursis del universo y también las más crueles. Me encargaré de abandonar a quienes haya amado el día anterior y también fomentaré que me abandonen a mí como a un perro. Me pelearé con mis amigos, me tiraré de los pelos incluso con desconocidos. Lloraré, gritaré, sufriré mucho y me desgarraré de dolor a todas horas. Y también conseguiré que lloren, griten, sufran y se desgarren por mí. Y seguiré tomando nota de todo...

Arranca una nueva era. Os necesito como conejillos de Indias. Que levanten la mano los/as voluntarios/as. Bienvenidos al culebrón.

FUNDIDO A NEGRO