21 Enero 2006

113. Anemia. INT./NOCHE



Los resultados de mi último análisis de sangre certifican que tengo anemia. Falta de hierro. Anemia ferropénica. ¿Ferro qué?

Ya sospechaba yo que este análisis no me depararía resultados halagüeños. Lo vaticiné poco antes de que la aguja atravesara mi enclenque vena, cuando, a la hora de entregar el volante, me coloqué por error en una cola que no era la mía. Y allí pasé un rato, rodeado de mujeres de mediana edad con mala cara... Minutos después llegué a la ventanilla y lo comprendí todo. Me topé de bruces con un cartel en el que podía leerse: "Ventanilla para exudados vaginales". ¿Mande? Me temo que se me descompuso el gesto y que mis compañeras de cola lo notaron. "Aquí no es lo tuyo", me anunció entonces una de las mujeres. "A buenas horas me avisa usted, señora", pensé...

De todos modos, ¿alguien puede explicarme en qué consiste un exudado vaginal? El Diccionario de la Real Academia dice que un "exudado" es el "producto de la exudación" y resulta que si busco "exudar", el DRAE informa: "Dicho de un líquido o de una sustancia viscosa: salir por los poros o las grietas del recipiente que lo contiene". ¡Ups! Si es lo que me imagino, qué dolor, ¿no? ¿Qué tipo de líquidos se exudan por la vagina y de qué manera? Ya entiendo por qué aquellas mujeres que hacían cola no parecían haberse despertado excesivamente felices...

Al final, me cambié de cola y me clavaron la aguja. Y hace un par de días me comunicaron los resultados del análisis. Y lo dicho: que tengo anemia por falta de hierro. ¿Carencia de hierro yo? ¿Cómo es posible que me falte hierro con lo equilibradísima que es mi dieta? Evidentemente, estoy de coña. Mi dieta es de todo menos equilibrada y no haré esfuerzos para aparentar lo contrario. Y es que he dejado por imposible lo de cocinarme mi propia comida, ni siquiera los sandwiches me salen bien... Por otro lado, en el supermercado suelo dar vueltas de tonto sin saber qué diablos comprar y el sabor de las comidas para microondas ya casi me provoca arcadas inmediatas.

Decidme que no soy el único al que no le resulta nada fácil eso de comer sano, porque estoy hartísimo de que todo el mundo me reproche mis penosos hábitos alimenticios. "Comer sano es muy fácil", me dicen con retintín unos y otras, como si yo fuera más lerdo que ellos por no llenar diariamente mi boca con repulsiva lechuga y legumbres varias. Pero es que yo, cuando no tengo comida de mi madre en el congelador, opto por grasientos menús de restaurantes, compro platos ya cocinados en El Sabroso (como reza en sus bolsas, "el pollo más delicioso lo compra usted en El Sabroso") o pido que me traigan algo a domicilio. En la foto de arriba veis mi preciada e imprescindible colección de folletos de tele-comida.

Estoy repasando los resultados de mi análisis. Vaya rollo... Estos análisis deberían proporcionar datos mucho más útiles. "Oiga, de un tiempo a esta parte, incomprensiblemente, he estado un poco pillado por alguien que, en el fondo, ni siquiera me gusta. ¿Pone ahí si ya se me ha pasado del todo la tontería?", quise preguntarle a mí médico. Y en una situación ideal, el doctor habría echado un vistazo a los resultados y habría respondido: "Sí, felicidades, ya no queda ni rastro de ese absurdo comecocos". Pero no, mi médico se limitó a recetarme unas píldoras para elevar mi hierro y a pronunciar, acto seguido, la frase más estremecedora que he escuchado en este siglo XXI: "Tomate una píldora al día y si tu caca se vuelve oscura, no te preocupes". Aish. ¿Por qué la vida es tan cruel y tan desagradable?

En los resultados aparecen mis niveles de plaquetas, basófilos, monocitos, potasio... Bah, ¿a quién le importan estos crípticos numeritos? ¿Dónde pone cómo se encuentran mis niveles de optimismo, desencanto, enamoramiento, ilusión, apatía, esperanza, sensatez o tristeza?

Aún así, no me quejo. Por suerte, gracias al dichoso análisis, viviré en un mundo más seguro durante una temporada. Si tomáis las mismas píldoras que me ha recetado mi médico, vosotros también podréis habitar en este mundo más reconfortante y menos angustioso: un mundo el que no necesitaréis alarmaros si, de pronto, vuestra caca se oscurece. Yo me siento tan afortunado...

FUNDIDO A NEGRO