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19 Enero 2006
112. Sospechoso descartado. EXT./DÍA

Ayer volví a comer pollo raro en un Kentucky Fried Chicken. Esta vez almorcé con Nacho. Arriba le veis en una de esas fotos bizarras que tanto le gusta provocar, entre las sobras de los sanos alimentos que engullimos.
Nacho y yo hablamos de proyectos, de viajes, de Nueva York, de México, de la obra que representa estos días en el Teatro Español... Y en la conversación también se coló ese infame sujeto apodado Simión o Cremallera-Man (ver secuencia 110). Resulta que yo de verdad pensaba que Nacho era quien se escondía tras la casposa identidad de Cremallera-Man. El color de su piel y sus nudillos son muy parecidos a los del tipo encapuchado de la foto y, por otro lado, intuí su huella en el texto amenazante, en el tipo de broma (a él le encanta interpretar personajes también en su vida cotidiana) y hasta en la cuenta de correo desde la que me llegó el e-mail.
Pero Nacho me juró y perjuró que él no es Cremallera-Man. Se atrevió incluso a darme su palabra de honor. No me queda más remedio, por tanto, que creerle. "Será algún friki que lee tu página", aseguró Nacho sin tener en cuenta que sus palabras bien podrían incrementar la furia del tal Simión.
La cuestión es que me he quedado sin mi sospechoso número uno. ¿Y ahora qué? ¿Quién es Cremallera-Man entonces? ¿Quién más tiene unos nudillos tan delicados y femeninos? ¿Y si Cremallera-Man es en realidad Cremallera-Girl? ¿Y si es la mismísima Marina la que se oculta detrás de ese condón de tela de pijama infantil? ¿Y se puede encontrar a la mujer de tu vida a los veinte años? Ups, esta última pregunta no iba aquí. La formuló Nacho mientras comía una hamburguesa de pollo crujiente y transgénico. Ya se sabe que el Kentucky Fried Chicken propicia la formulación en voz alta de pensamientos profundos y de hondo calado emocional. En cualquier caso, la pregunta de Nacho me parece tan perturbadora que intentaré responderla otro día, que no son horas...
Cambiando de tema, hoy he comprado un carrete de diez fotos para mi vieja Polaroid, sin usar desde hace años pero muy homenajeada a través de las imágenes de esta web. Con la invasión de las cámaras digitales, he perdido la noción del valor de una fotografía. Ya no elijo qué fotografiar ni a quién ni en qué circunstancias o con qué encuadre. Simplemente disparo sin más, a todo lo que se me ponga a tiro. Y que salga lo que salga.
El carrete de diez fotos para la Polaroid, sin embargo, ha costado diecisiete euros, precio que no invita precisamente a la aleatoriedad ni al desperdicio de instantáneas. He decidido que fotografiaré únicamente instantes irrepetibles con personas trascendentales, esos instantes que no sé explicar en qué consisten pero que reconozco en cuanto se producen. Y cuando mire las polaroids en el futuro, reconstruiré mi yo de ahora, lo que soy en este enero de 2006.
Instantes trascendentales, venid a mí...
FUNDIDO A NEGRO
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