05 Enero 2006

105. Turbulencias. EXT./DÍA



En la foto, en primer plano, mi hombro y parte de mi cabeza en el avión de regreso a Madrid. La foto salió muy movida y casi parece un turbulento fotograma del capítulo piloto de "Lost (Perdidos)"...

Cuando viajo en avión y el bicho despega, siempre hay un segundo, quizás algo menos, en el que siento que no me importaría nada que, justo en ese momento, el avión explotara en mil pedazos. Y, en ese preciso segundo, me dedico a cerrar los ojos y a desearlo como quien pide un deseo ante una tarta de cumpleaños o una estrella fugaz. Y me concentro. Y lo pienso: que ocurra, que explote, que mis vísceras salten por los aires. Y a la mierda mi mundo. A la mierda tantas metas y ambiciones...

Y así, para mi familia, amigos y conocidos, siempre seré el joven destinado a triunfar fulgurantemente en el séptimo arte pero cuyo talento se truncó fatalmente en un trágico accidente aérero. Sin duda, esto se me antoja más llevadero que seguir viviendo para que esos mismos familiares, amigos y conocidos comprueben con sus propios ojitos que tus sueños finalmente no se cumplen... Ya se sabe que cuando alguien muere antes de tiempo, a todos les da por pensar que el muerto, de no haber palmado, habría vivido una vida maravillosa y repleta de sueños cumplidos.

Pero, por suerte, como he dicho, este catastrofista deseo apenas dura un segundo. Y, pasado el instante, simplemente me cago por la pata abajo imaginando la posibilidad de que se materialice lo que estúpidamente he deseado segundos antes...

Al final, mi avión no explotó. Y ya estoy en Madrid. En mi primera noche de 2006 en la gran ciudad, me compré el DVD de "El compromiso (Moonlight mile)", encontré un tonto regalo de Reyes para Cucún, hablé un rato por teléfono con Tilo, cené pollo raro con Pablo en el Kentucky Fried Chicken y vi los extras de la primera temporada de "Lost", que me regalaron mis padres en Lanzarote como prematuro obsequio de Melchor, Gaspar y Baltazar.

Ah, también he escuchado ya entera la canción "Sin billete de vuelta" de Andrés Lewin. Me la envió Cecilia a mi cuenta de correo. La cuestión es que, ahora que la he escuchado de principio a fin (antes sólo había escuchado los primeros noventa y dos segundos, ver secuencia 104), la canción ya no me gusta, porque es una canción alegre y yo creía que era triste... En la segunda mitad del tema, Andrés se dedica a cantar que, ya en el aeropuerto, decide no subir al avión y, finalmente, regresa a casa con su persona amada... Y todo es una explosión de jolgorio y optimismo, con los pasajeros cantando y jaleando a Andrés y los altavoces de la terminal animándole a tomar la decisión correcta.

Qué decepción. Yo quería que la canción fuera triste, porque hace tiempo que no concibo historias alegres relacionadas con medios de transporte. Será que lo mío son las despedidas lapidarias y las decisiones incorrectas. Será que soy especialista en subir a trenes y aviones con ganas de llorar, en mandar intensos mensajes justo antes de apagar el móvil para desear fervientemente durante todo el vuelo que una respuesta me espere al encenderlo de nuevo después de aterrizar, en quedarme un rato solo y bloqueado en la parada mientras alguien se aleja en el autobús, en decir "hasta luego" con la voz quebrada porque sabes que no será hasta luego...

FUNDIDO A NEGRO