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03 Enero 2006
104. Incompleta canción triste. INT./NOCHE

Ayer almorcé con mis padres, mi hermana y su novio en un restaurante del muelle de Arrieta: viento, un cielo gris sobre nuestras cabezas y el mar muy picado...
Y comí carne en un restaurante especialmente famoso por sus recetas pescaderas... Después, como mi silla vieja está un poco loca últimamente, mi paranoica madre temía que me acercara al borde del muelle, no fuera a ser que mis ruedas se aceleraran de improviso y me lanzaran violentamente al rocoso fondo del mar. En la foto, mi mano en uno de los muros del muelle. Y al otro lado, un pequeño gran abismo... Al final descarté la idea de explicarle a mi madre que sentirte al filo de un abismo poco tiene que ver con acercarte al borde de un muelle en un pueblo pesquero de Lanzarote.
Apuro mis últimas horas en la isla, descansando ya de tanto insufrible e-mail navideño y de tanto mensajito de móvil cursi e indigesto. Que si mis mejores deseos para el 2006, que si paz y armonía con tus seres queridos, que si algún chistecito verde como el del extraterrestre que te mete el dedo en el culo... Muy bonito.
Y encima, este año más que nunca, ha habido que soportar la avalancha de mensajes prefabricados, idénticos y múltiplemente reenviados. Me han llegado hasta tres sms igualitos de personas diferentes. Ya os vale... Como soy lerdo y buen amigo, en Nochebuena me dediqué a responder incansablemente con mensajes personalizados, pero en Nochevieja me cansé y ya compuse directamente un texto típico y pasteloso para todos y todas. Al menos me molesté en redactar algo de mi propia cosecha...
En fin, que la gente es muy cutre, pero no os enfadéis los aludidos, que se agradece de todos modos que os hayáis gastado unos céntimos en acordaros de mí. Haciendo memoria, casi me quedo con el sms que me envió Toño: "Deseo que estos días de amor y fraternidad engrandezcan nuestros corazones para que bombeen mejor la sangre a nuestras pollas y así follar más y mejor". Pues vale.
Mi cerebro se encuentra especialmente atrofiado en este comienzo de año. Será porque aquí en Lanzarote me trago la reposición de "Melrose Place" en Cuatro casi a diario, porque Marina no me ha escrito o porque no siento para nada eso de "año nuevo, vida nueva". Me gusta más lo que hace poco me dijo Axel como buen remedio para curar males: "Hay que hacer zorrón y cuenta nueva". Je.
Pero es que es verdad, no tengo la sensación de que, en este año recién inaugurado, ninguna vida nueva esté arrancando. Paso de confeccionar una lista de objetivos para el 2006; no me apetece angustiarme cuando no se cumplan... Y, por otro lado, no detecto ilusiones nuevas, sino que, más bien, siento que las viejas languidecen, se estancan o palman del todo. Además, si uno debe empezar una vida nueva el 1 de enero, ¿qué se hace con la vida vieja?
La culpa de este pesimismo de año nuevo también la tiene Luz Casal y una canción suya que últimamente escucho casi en bucle: "Lo eres todo". Hay etapas en las que sientes, de manera muy egocéntrica, que todas las canciones tristes de amor desgarrado hablan de ti, de lo que te ocurre solamente a ti... Hace tiempo, cuando me dio por escribir un guión titulado "Un beso desde el otro lado de la Tierra", con dos personajes adictos a las canciones tristes, pregunté a mis amigos cuál era la canción más triste que habían escuchado a lo largo de sus vidas... Me respondieron varios títulos: alguna canción de Pedro Guerra, otra de Mercedes Ferrer, unas cuantas de Antonio Vega... Ahora mismo, en este preciso momento, yo creo firmemente que "Lo eres todo" es la canción más triste que he escuchado nunca...
Hablando de canciones, hace unos días, a través de un correo colectivo que reenvió Cecilia, descubrí a un cantautor argentino que vive en Madrid y que se llama Andrés Lewin. Aquí en Lanzarote mi conexión a Internet (con un módem de 56 kas) es pésima, por lo que aún no he conseguido bajarme de su web ninguna de sus canciones. Lo he intentado varias veces con un tema titulado "Sin billete de vuelta", pero, por una razón o por otra, la bajada siempre se jode. Es una especie de canción eternamente incompleta, y es como si yo estuviera condenado a no escucharla entera jamás.
La cosa es que sólo he conseguido escuchar un minuto y treinta y dos segundos de "Sin billete de vuelta" y también parece una canción triste: una sobre despedidas irreversibles, nudos en la garganta y fotos que uno mira y remira para evocar vidas no vividas. En los primeros noventa y dos segundos, Andrés Lewin canta esto:
Si en la cama me dices: "Quédate un rato",
sé que quieres decirme: "Quédate siempre".
Yo disimulo y tú enciendes un cigarro...
Tengo que irme, mi avión sale a las nueve...
El taxista pregunta pa' donde vamos...
Tú me sigues mirando por la ventana...
Yo contesto "Barajas" y me atraganto,
cierro los ojos, son demasiados años...
El taxista pregunta: "Pareces triste",
el taxista pregunta demasiado...
Yo le enseño tu foto y él me sonríe...
"Tranqui, colega, el amor es compli..."
Y aquí se detiene en mi Winamp el tramo de canción que he logrado bajarme: justo cuando dice "compli", en medio de la palabra... En cualquier caso, estoy de acuerdo. El amor es "compli". Sin duda.
FUNDIDO A NEGRO
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