31 Diciembre 2005

103. La perra cineasta. INT./DÍA



Amaru es la perra de mis padres. Llegó hace cuatro años a mi hogar lanzaroteño y, desde entonces, se cree la reina de la casa. Amaru ni siquiera es una yorkshire auténtica, pero ella se comporta como si lo fuera. Es soberbia, altiva, ruidosa, prepotente, histérica y muy coñazo. Y a mí me odia...

Al principio, mis padres se mostraron reticentes ante la idea de cuidar de una perra, pero poco a poco se han encariñado mucho con ella. Y ahora todo gira en torno a Amaru: que si Amaru ha vomitado, que si no ha comido, que si está empachada, que si tiene la regla... Así que a Amaru no hay quien le tosa y, de alguna forma, ha ocupado el hueco que dejamos mi hermana y yo al irnos de casa. Y a mi hermana, al menos, la perra la conoce de sobra, pero, en lo que a mí respecta, no soy más que un ente extraño para sus ojos caninos: un incordio que aparece y desaparece de vez en cuando con el fin de alterar su reinado cotidiano.

Sé que Amaru me considera una especie de molesto intruso que viene a Lanzarote un par de veces al año para arrebatarle, durante unos días, parte de la atención que le dedican mis padres. La perra no sabe qué pinto yo aquí y se la suda que vuelva a casa por Navidad. Y antes se dedicaba a ladrarme todo el día o me hacía la vida imposible meando en mi habitación o defecando cerca de las ruedas de mi silla para que yo, al moverme, cayera en su pestilente trampa fecal, pero ahora, con el paso del tiempo, simplemente nos ignoramos mutuamente. Ella con su vida y yo con la mía. Ella no caga a mi alrededor y yo, a cambio, me comprometo a no pisar sus patas con mis ruedas.

Pero, en realidad, a Amaru sólo le importa una persona. Porque Amaru está perdidamente enamorada de mi padre, siente verdadera devoción por él. Es plenamente feliz tumbándose en el sofá junto a mi padre y, cuando él no está en casa, Amaru se vuelve una fetichista adoradora de sus prendas de ropa. Se dedica a oler y sobar sus jerseys y pantalones, y es capaz de morderte si intentas arrebatárselos.

Sospecho que a Amaru le sobra incluso la presencia de mi madre... Por eso creo que la perra está maquinando algún retorcido plan para expulsar a mi progenitora de casa y convertirse ella en la dueña y señora del hogar. Tiemblo sólo con imaginar a Amaru transformada en mi malvada madrastra... Me veo de esclavizado Ceniciento de un momento a otro.

Y también creo que, un día de éstos, para terminar de jorobarme, Amaru escribirá un guión, lo dirigirá y se convertirá en una perra cortometrajista. Y así mis padres descubrirán que mi vida en Madrid es una falacia, que lo que hago no tiene ningún mérito y que hasta una yorkshire mestiza es capaz de escribir un guión, dirigirlo y lograr un resultado más o menos aparente.

Amaru será lista (no como yo) y dirigirá un corto realmente multipremiable. Se fijará en los cortometrajes que ganan muchos premios o en los dos cortos españoles nominados al Oscar: "Esposados" y "7:35 de la mañana". Y ella hará sus propios plagios perrunos: "Emperrados" y "Ladridos a las 7:35 de la mañana". O, mejor aún, Amaru escribirá y dirigirá un corto de temática social con tramposa y cutre reivindicación final, de ésos por los que tanto se pirran en los festivales. Se titulará "Yo nunca lo haría" y tratará sobre la problemática de los perros abandonados en verano.

Y "Yo nunca lo haría" causará sensación en el Festival de Gijón y en el de Alcalá de Henares y, a partir de entonces, Amaru viajará de festival en festival, poniéndose hasta el culo de canapés de Pedigree Pal y convirtiéndose en fulgurante nueva promesa y en flamante perra cineasta, que no es lo mismo que ser una cineasta perra, como alguna que otra directora española que me cae muy mal.

Luego, para chincharme ya de verdad, Amaru dirigirá también su propio remake de "Vuelco", con ella misma interpretando el papel de perra sorda que enamora a un zoofílico Nacho. Aish. Nachete, ¡promete que no aceptarás participar en el remake canino de "Vuelco"! Por cierto, Nacho ha sido el único que me ha animado a teñirme de rubio...

Ups, mientras termino de escribir, Amaru me observa de manera amenazante desde el umbral de la puerta de mi habitación. Creo que sabe que estoy escribiendo sobre ella... Y mucho me temo que su ano ya prepara una de sus temibles venganzas fecales. De ésta ya no me libra nadie...

Feliz año, gente.

FUNDIDO A NEGRO