10 Mayo 2005

13. Se acerca el baile. EXT./DÍA



En la foto, Ale (Alejandro Albarracín) en un momento de los ensayos de "Bailad para mí". Parece que fue hace dos días, pero ya han pasado casi diez meses desde aquel caluroso fin de semana en que grabamos las últimas horas de vida de Leo en compañía de sus amigos pijos.

Dirigí "Bailad para mí" en julio de 2004, en plena preproducción de "Vuelco", agobiado como estaba por las mil y una complicaciones que supone rodar en 35 milímetros. "BPM" fue una liberación, un guión impulsivo, un juego de fin de semana que comenzará su recorrido a partir de este verano, convertido, por la demora en su postproducción, en mi nuevo e inmediato corto tras "Vuelco", después de probar los pros y los contras del celuloide.

Mi intención, iluso de mí, era montar y finiquitar "BPM" el pasado mes de agosto, antes de viajar a Tenerife para rodar "Vuelco", pero la preproducción del corto en cine me absorbió y no tuve cabeza para pasar largas horas frente al ordenador lidiando con el Premiere. Ahora, en el fondo, creo que la espera ha sido positiva.

"BPM" se ha aireado y, mientras doy por zanjado su montaje de imagen, me doy cuenta de que, para bien o para mal, se trata de un trabajo que se encuentra mucho más cerca de mí en este momento que "Vuelco", en argumento y en forma. Su guión no cuenta gran cosa, es una parábola sobre el dolor y sobre la fronteras de la amistad, pero sé que algunos me llamarán oportunista por aportar una nueva pequeña piedra, muy frívola y muy teen, en torno a un tema, tan sobado últimamente, como el del suicidio asistido.

"Bailad para mí" no es la historia de un hombre gallego postrado en una cama ni la de una boxeadora noqueada de mala manera. Es sólo un cuentito de verano que lanza unas pocas preguntas sobre la amistad y sobre la difusa línea que separa lo correcto de lo incorrecto.

Aprovecho para agradecer a Luis, Rous, Ale, María, Bernardo e Iñaki su paciencia. Ellos pusieron su alma y su talento al servicio de este ejercicio dramático y espero que se sientan orgullosos del resultado final.

Ale, entre abogados y adosados

Ale está en racha. En los próximos días aparecerá dos veces en el flamante prime-time nacional, con sendas intervenciones en series de considerable gran audiencia. El jueves 12 de mayo se le verá en un pequeño papel en "Al filo de la ley" (TVE), en una secuencia con César Vea, y el martes 17 dará vida a un muchacho pijo en "Mis adorables vecinos" (Antena 3).

Es cuestión de tiempo que el niño pegue el estirón y se convierta en superestrella. Me alegraré de ser testigo de ello, igual que lo seré también del momento en que estallen otros actores que me han regalado su talento: Rous, Mon, Raúl, David, Nacho... Todos se lo merecen.

Tramas en continuidad

Nos acercamos a mediados de mayo. Las series estadounidenses que me han enganchado estos últimos meses preparan sus finales de temporada. Es tiempo de renovaciones o cancelaciones. Otro día hablaré de mi adicción a "The O.C.", "Lost" o "Desperate housewives", pero ahora me pregunto cómo será mi final de temporada.

Lo normal en estas fechas es que las tramas se precipiten, que incluso rocen lo inverosímil con tal de provocar un shock final en el último episodio, una secuencia trascendental que consiga que la gente pase el verano deseando que llegue el otoño y el comienzo de la nueva temporada, cuyos guiones deberán incluir más amoríos, más sexo, más acción, más muertes, más villanos, más drogas, más puntos de giro... Que el show no decaiga.

Es mayo. Es hora de poner fin a tensiones sexuales no resueltas y de apostar de nuevo por tramas eternamente abiertas. Los roces de narices, los diálogos inútiles y los mil desencuentros desembocan al fin en un esperado, inconsciente y prohibido beso al atardecer mientras suena alguna canción de Rachael Yamagata y la cámara se eleva en una grúa... Y funde a negro. Y se sobreimpresiona el nombre de los productores ejecutivos. Y la próxima temporada, que se las apañen los guionistas.

Pues eso:

FUNDIDO A NEGRO