|
|
01 Diciembre 2005
88. Extras. EXT./NOCHE

Hace unas cuantas semanas, Cucún y yo fuimos a ver una película española titulada "A golpes" y dirigida por Juan Vicente Córdoba. A pesar de que a ambos nos gustó el trabajo anterior de este director, "Aunque tú no lo sepas", la idea de soportar en esta ocasión a Natalia Verbeke transformada en una quinqui vallecana y boxeadora nos resultaba tan apetecible como ingerir diarrea de gato a través de una pajita. Pero es que existía una razón de peso para pagar los seis euros de la entrada: Cucún actúa en la peli.
Cucún, medio de cachondeo, medio en serio, se empeña todo el rato en ponernos a parir a aquellos que nos dedicamos a esto del cine. "Estoy harto de que te den subvenciones, a ti te pagan por no hacer nada", me ha dicho varias veces (y se queda tan pancho). Sin embargo, hace un tiempo me sorprendió con un cinematográfico dato en su curriculum: en un veraniego día del año pasado, Cuc trabajó como extra en el rodaje de una secuencia de "A golpes", dando vida a un apasionado espectador del combate final entre la campeona de España y... Coco Gómez, la boxeadora a la que interpreta Verbeke (qué arte el de los guionistas a la hora de elegir el nombre del personaje).
Cucún me contó que el rodaje de la secuencia fue un auténtico desastre chapucero. En un plano, él tenía que levantarse velozmente y vitorear a Coco Gómez. Y el chaval le puso tanta emoción que se salió del plano y hubo que repetir la toma. Así me gusta, Cuc haciendo gastar peli virgen al cine español...
Pero yo de verdad esperaba que el resultado global del asunto fuera mínimamente decente. Pues no. Con todos los respetos hacia el señor Juan Vicente Córdoba, "A golpes" es un verdadero infierno: inverosímil, con un montaje caótico, ridícula y repleta de lagunas, de personajes secundarios sin desarrollo alguno y de secuencias zafiamente sexuales que no vienen para nada a cuento pero que se encargan de mostrarnos la minga de Daniel Guzmán, a Juana Acosta por delante y por detrás y el culo y las tetas de otros tantos. Lo sé, soy un criticón y merezco que se critiquen mis cortos de forma igualmente cruel, pero es que sufrí mucho durante el visionado. Y el tiempo transcurrido desde que vimos la peli no ha curado mi resquemor.
Lo peor es que las cinco quinquis protagonistas, que hablan con acento y gestos forzadamente macarras (no se lo creen ni ellas), se dedican a filosofar en off sobre su condición de chicas de barrio, su futuro y sus grandes razones para llevar a cabo distintos alunizajes sobre escaparates de joyerías. Esto, que podría estar bien escrito y tornarse conmovedor, resulta en este caso un despropósito del todo, porque yo sólo conseguí odiar profundamente a estas chicas y desear que algún yonqui les pegara de una vez un tiro entre ceja y ceja en la siguiente escena.
Y eso que vivo en Vallecas y debería identificarme fácilmente con esta filosofía macarra. Recuerdo que cuando Sumaya también vivía aquí, ambos nos dejamos poseer por el espíritu vallecano... Y nos llamábamos "tronco" y "tronca" y otras lindeces. "Tronco, ¿dónde has puesto el azúcar?", me preguntaba ella a gritos desde la cocina. "Déjame en paz, tronca, que estoy viendo 'El diario de la Patricia", contestaba yo de muy malas maneras. Luego ya se nos pasó la época camorrista y volvimos a hablar en plan canario bruto, que se nos da mucho mejor.
En fin, que Cucún y yo aguantamos como pudimos el desarrollo de "A golpes" (que encima es larga de cojones) hasta llegar a la gran y esperada secuencia final. Pues bien, tras escudriñar cada plano entre corte y corte, el balance fue decepcionante: de Cuc sólo vimos su frente y su pelo pincho en un plano y su silueta desenfocada en otro... El montador se ha lucido cargándose la seguramente brillante interpretación de Cucún. De todos modos, he encontrado por ahí el fotograma de arriba y he señalado una cabeza que podría ser la de Cuc, pero no estoy seguro.
A pesar del sopor, me gustó ver la peli desde una nueva perspectiva, esperando, con excitación y hasta nervios, la llegada de cada nuevo plano con la esperanza de contemplar el careto de Cucún en Super 35 milímetros. Creo que un amigo nuestro debería actuar como extra en todas las películas malas que se estrenen. Así les encontraríamos algo de interés.
Yo apenas he necesitado contar con extras en mis cortos (como mucho, que yo recuerde, pedí que alguien caminara por el pasillo en el hospital de "En otra vida"), pero sí es cierto que nadie se acuerda nunca de los pobres extras: esa gente que, no sé muy bien por qué, invierte sus horas en interminables jornadas de rodaje a cambio de un mísero salario y de un reseco y repugnante bocadillo envuelto en papel de plata.
Los extras son imprescindibles en muchas historias. En el fondo, es como en la vida de cada uno: hay personajes protagonistas, personajes secundarios, algunos que dicen una frase de vez en cuando y otros que sólo caminan a tu alrededor sin que jamás sepas su nombre.
Y luego, por suerte, hay extras que de repente dicen la frase adecuada y se convierten en figuración especial, en secundarios o directamente entran en tu vida como flamantes protagonistas. Lo malo es que también se da el proceso contrario: el de aquellas personas que durante un tiempo protagonizan el guión de tu existencia para poco después transformarse en tristes secundarios o, directamente, en extras desenfocados. Es lo que hay: los cambios de reparto están a la orden del día.
Dedico este texto (qué folclórico queda lo de dedicar) a los extras: a los que se comen el bocadillo envuelto en papel de plata y a los extras de mi vida, aquellos cuyos nombres aún desconozco, aquellos a los que quizás conozca pronto. Bienvenidos sean los futuros personajes protagonistas.
En noviembre, esta web que estáis leyendo fue cargada 47.743 veces. Me impresiona la cifra. Gracias a todos.
FUNDIDO A NEGRO
|
|