23 Noviembre 2005

85. Seguir adelante. EXT./NOCHE



Ayer fui a ver "En sus zapatos". Me costó convencer a Froid para pagar entrada por esta, según él, "película para tías adictas a 'Sexo en Nueva York' y a almorzar barritas energéticas", pero al final, y gracias a mis convincentes artes manipuladoras, los zapatos de Toni Collette se impusieron a las inicialmente previstas convulsiones demoníacas de Emily Rose. Emily será exorcizada otro día.

Aunque Froid sobó un buen rato a partir del momento en que aparece en pantalla el personaje de Shirley MacLaine y la historia se convierte en un simpático remedo de "Cocoon", a mí me gustó mucho la peli. "En sus zapatos" es el almíbar cinematográfico de la temporada otoñal: el relato perfecto para sonreír a veces, para emocionarte con algunas secuencias deliberadamente sensiblonas y para abandonar la sala con regusto reconfortante... y con ganas de almorzar una barrita energética.

Bien dirigida, bien escrita y genialmente interpretada por el trío femenino protagonista y por un buen puñado de ajustados secundarios (con mención especial para Mark Feuerstein, que da vida a Simon, y para la anciana cachonda que hace de la Señora Lefkowitz), este nuevo e inesperado trabajo de Curtis Hanson (se nota que el director de "8 millas" se enamoró apasionadamente del guión y de sus actrices) conmueve y entretiene sin caer nunca en dramáticos tremendismos.

Y es que, a pesar de mi devoción por los dramas terminales, a veces se agradecen los finales felices, porque aquí el asunto pintaba mal y ya lo predijo Froid en el minuto cincuenta: "Seguro que Cameron acaba muriendo de cancer y así aprende la lección de la vida". Pues no. Eso sí, un trozo de "Sexo en Nueva York" aparece en un televisor en un importante momento de la película, así que algo de razón sí que tenía el muy capullo.

"En sus zapatos" es la historia de amor y odio entre dos hermanas opuestas, marcadas por el hecho de haber crecido sin un referente materno. La siempre sublime Toni Collette interpreta a la fea pero laboralmente exitosa Rose y Cameron Diaz es Maggie: tía buena, disléxica, golfa y sin rumbo alguno en su existencia. Y al fin vemos a Cameron utilizando a su favor su físico despampanante para componer un personaje que poco tiene que ver con ella misma.

La incombustible y ya muy arrugada Shirley MacLaine (dentro de poco estrenará además "Dicen por ahí...", lo último de Rob Reiner) encarna a Ella, la abuela de Maggie y Rose, y, como en la mítica "La fuerza del cariño", en esta ocasión también es una mujer que padece las consecuencias de haber querido de manera extrema y asfixiante a su hija. "Creo que no quise a tu madre de la forma correcta", le dice Ella a Maggie en una secuencia. "No sabía que hay una forma correcta de querer", responde Maggie. "Ni yo", puntualiza Ella.

Buscando alicientes

Independientemente de su reflexión sobre la familia y sobre las irracionales conexiones fraternales, hay un instante de "En sus zapatos" que me gustó especialmente: el momento en que Simon pregunta a Rose cuáles son las cosas por las que sigue adelante, por las que cree que merece la pena despertarse cada día y continuar haciéndolo en los próximos meses o años. Simon dice las suyas: su pasión por la política, no sé qué comida que le encanta, su fanatismo por un equipo de baloncesto... No recuerdo qué más cosas dice Simon, pero la cuestión es que Rose no sabe qué responder a la pregunta.

Es una pregunta delicada, compleja, perturbadora. ¿Por qué y para qué queremos seguir viviendo? ¿Qué nos hace seguir adelante? Supongo que alguien que es padre puede dar respuestas tan poco discutibles como "cuidar a mis hijos" o "verlos crecer", pero ¿y si no es así? ¿Qué haces si careces de respuestas tan rotundas e inamovibles? ¿Cómo sobrevives a la angustia de no saber contestar a una pregunta así? ¿Qué ocurre si tienes que pensar demasiado la respuesta?

Bueno, si sobrevivo a la angustia y pienso un poco, se me ocurren algunas cosas que me hacen seguir adelante: saber cómo terminará "Lost", el placer de beber Coca Cola Light, ver "Indiana Jones IV" cuando quiera que sea que la dirija Spielberg, cumplir alguna fantasía sexual... Qué horror. Así de simple es uno.

Pero es que no me parece una pregunta fácil de responder ni mucho menos. ¿Qué me hace seguir adelante de verdad? Yo qué sé. ¿Cuáles son los alicientes concretos? Puedo ser típico y previsible y responder algo como "la esperanza de que mi primer largometraje sea un masivo éxito de taquilla" o "la posibilidad de ganar un Oscar", pero el problema es que creo que se trata de una pregunta que va mucho más allá de todo esto, que nada tiene nada que ver con grandes sueños ni con ilusiones o expectativas de futuro, sino con el aquí y el ahora, con lo que ya eres y tienes, con tu verdadera vida cotidiana al despertarte cada mañana. Ahora mismo, ¿vosotros por qué queréis seguir adelante? "Porque sí" no vale como respuesta...

FUNDIDO A NEGRO