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22 Noviembre 2005
84. Podemos ser amigos. INT./NOCHE

En la foto de arriba, podéis ver una captura de mi cortometraje "Lluvia". La imagen pertenece al comienzo del diálogo entre Mon, que interpreta a Alberto, y Rous, que interpreta a Marian.
Marian irrumpe en el plano desde la oscuridad y se acerca sigilosamente al indefenso y desprevenido Alberto. Ella camina con paso lento pero muy firme, segura de que no titubeará a la hora de materializar su cuidadosamente calculado plan. Y es que Marian está a punto de romper para siempre con Alberto...
Creo que desde que dirigí "Lluvia", no he vuelto a escribir una secuencia de ruptura. Para escribir este diálogo me inspiré sobre todo en las múltiples idas y venidas de la tormentosa relación de Nauzet y Sumaya. Qué le voy a hacer, soy así de vampiro con las vidas de mis propios amigos. Reconozco que incluso copié frases enteras que, según Nauzet, Sumaya pronunció en varias conversaciones extremas y al borde del delirio.
Sé que ahora escribiría este diálogo entre Marian y Alberto de manera muy diferente, con un tono menos retórico y más realista, pero me temo que también con un enfoque mucho más doloroso y punzante. "Mereces estar con alguien a quien puedas comprender", le dice Marian a Alberto. Ya. Eso dicen siempre los y las que rompen.
Recuerdo una frase de un capítulo de la desquiciante primera temporada de "Dawson crece". Tras romper con Dawson, Jen se acerca al chico en el instituto y le suelta algo así como: "Después de romper, hay siempre un periodo muy extraño en el que dos personas que antes tenían mucho que decirse de repente ven reducidas sus conversaciones a lo más superficial". Pues sí. Acto seguido, Jen pide a Dawson que sigan siendo amigos...
Seamos sinceros, no existe mayor falacia que la de intentar ser amigo de tu ex y hacer como si nada hubiera pasado. Es lo de siempre, el más cruel premio de consolación, la típica y absurda propuesta de aquél o aquélla que decide romper con su pareja: "Podemos ser amigos". Y una mierda. ¿Amigos para qué? ¿Y qué hacemos con los recuerdos de lo vivido? ¿Cómo se destruyen? ¿Cómo se soportan y se sobrellevan? ¿Cómo se recicla el vínculo entre dos personas? ¿Cómo diablos se asumen las nuevas normas?
Ojalá existiera en la vida real algo parecido a Lacuna Inc., esa empresa que, en la maravillosa "¡Olvídate de mí!" (horrible título español de "Eternal sunshine of the spotless mind"), se encarga de borrar de tu mente los recuerdos dolorosos relacionados con personas que te han hecho daño. Sin recuerdos, no hay heridas. Así de simple. Y, sin duda, hay gente a la que sería mejor no haber conocido.
"Dime algo, sólo una cosa. Durante estos dos años, ¿me has querido? Es decir, ¿has estado enamorada de mí?", pregunta un desesperado Alberto a Marian al final de la conversación. "Hablar de eso ahora ya no tiene sentido", responde ella, implacable. Y Marian se pira. Y Alberto se queda solo en medio del jardín, inmóvil, con cara de gilipollas.
"Lluvia" concluye cuando las Leónidas aparecen en el cielo. La voz en off de David Robles nos recuerda entonces la visión de Marian sobre el amor: "Dice Marian que las Leónidas, en realidad, no son más que una metáfora rebuscada de nuestras relaciones amorosas, que ella cree destinadas a brillar intensamente al principio para pronto caer en picado, desintegrándose, desapareciendo como si nunca hubieran existido, igual que ocurre con las Leónidas". Hace unos años, y a pesar de haber escrito yo este texto, pensaba que Marian no tenía razón, pero hoy ya no estoy tan seguro.
En fin, con la de posibles amigas y amigos que hay sueltos por el mundo, no entiendo a quién se le ocurre ser amigo de su ex. Y qué obsesión la de la gente por romper. Eso de terminar con alguien está muy sobrevalorado. Yo prefiero las tramas siempre en continuidad. Que viva el final eternamente abierto y repleto de posibilidades...
FUNDIDO A NEGRO
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