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20 Noviembre 2005
83. Ciudades que no conozco. INT./DÍA

En la foto, podéis ver mi careto reflejado en un espejo junto a un televisor que emite, a modo de gancho, la larga secuencia del sótano de "La guerra de los mundos", peli disponible previo pago en la habitación del Hotel Tryp Alamadeda en la que me alojé durante mi breve estancia en Málaga. Es increíble que lo último de Spielberg ya pueda disfrutarse en un televisor de hotel, tan sólo cinco meses después de su estreno en salas...
A lo que voy, que esta imagen de arriba resume mis recientes, aburridas y solitarias noches en hoteles. En menos de mes y medio, he viajado fugazmente a Pamplona, Alicante, Sevilla, Cáceres, Badajoz y Málaga, ciudades que no conocía y que sigo sin conocer tras regresar de ellas.
En las habitaciones de los hoteles, casi nunca hay nada que hacer más allá de pensar demasiado o comerte el coco mientras intentas quedarte dormido a marchas forzadas. A veces zapeo entre los habituales canales de antena parabólica, husmeo en el minibar, llamo a alguien por teléfono, huelo los típicos botecitos de champú que regalan o echo un vistazo por la ventana y me fijo en calles desconocidas que no me apetece descubrir a solas. Soy un turista perezoso.
Un día en Málaga
El pasado jueves, en Málaga, participé en una mesa redonda dentro de la I Muestra de Cine y Discapacidad que se celebraba en la ciudad. Compartí mesa con un montón de peña, así que, por suerte, me tocó hablar poco.
Se habló de lo de siempre: barreras arquitectónicas y sociales, el tratamiento de personajes discapacitados en el cine y blablabla. Una chica con parálisis cerebral me instó a hacer una comedia con personajes discapacitados y, a colación, expliqué por encima lo que será la serie "(Im)perfecto" y mis intenciones con este ya sólido proyecto.
Luego, hubo espectadores de lujo en la proyección de "Vuelco", como la madre y el hermano de Sonia, que me sorprendieron muy gratamente con su presencia allí. Hablé un buen rato con ellos (encantadores los dos) y comprobé que ambos han leído ¡el guión de "Nuestro propio cielo"! Y, aún así, parece que no me odian por corromper a Sonia como actriz. Je.
A la proyección tampoco faltó, llegado desde Fuengirola, el gran Jesús, que vino acompañado por el mítico Aguayo y por Quiroga, diseñador del cartel de "Doce" y del genial logotipo de Nysu Films. Al fin conocí en persona a Aguayo y a Quiroga, y con los tres pasé un rato en un bareto de pinchos entre chascarrillos e intercambio de datos y opiniones sobre el cine reciente y el que vendrá.
Poco más de sí dio mi fugaz paso por Málaga. En el tren de regreso, junto a mi asiento viajaba Laura, una chica con la que hablé durante casi la mitad del trayecto. Como fruto de una de esas extrañas y casi mágicas causalidades, resultó que Laura tiene mi edad y también estudió Comunicación Audiovisual. Ella trabaja ahora en producción en "Caiga quien caiga", y compartimos penas y alegrías de este cansino pero adictivo mundillo audiovisual.
También compartimos otra cosa: vaselina para labios de Agatha Ruiz de la Prada. Y es que, como colmo de las casualidades a bordo de un tren, Laura y yo descubrimos que los dos nos encontramos finalizando el mismo tratamiento antiacné. Y ya sí que nuestra amena conversación comenzó a fluir de manera especialmente apasionante en torno a anécdotas acneicas, complejos varios, labios resequos y nada besables, dolorosas cabezas de pus por doquier y abundantes marcas en la cara.
Ahora que lo pienso, empecé mi tratamiento de isotretinoina casi al mismo tiempo que este diario, hace más de seis meses. Ya no tengo granos activos pero sí un montón de marcas que no sé yo si desaparecerán. "Las marcas se irán diluyendo", me aseguró Laura.
Bah, no me preocupa más de lo justo esto de ser un tío marcado, pero algún día tengo que escribir realmente un guión sobre el acné y el tormento que genera. Actores con acné, enviad curriculum y foto de vuestras mejillas.
Leland no tiene acné
Por otro lado, hace un rato he visto "El mundo de Leland", simplón título español de "The United States of Leland", en la que Ryan Gosling, el protagonista de "El creyente", interpreta a un ausente muchacho que, de buenas a primeras, apuñala veinte veces a un chaval retrasado. "¿Por qué lo has hecho, Leland?", le pregunta una periodista. "Por la tristeza", responde Leland sin más. "¿Qué tristeza? ¿La tristeza de quién?", pregunta de nuevo la desconcertada periodista.
A Froid la peli le ha parecido "soporífera y cutremente pretenciosa", pero yo he conectado con su atmósfera y con lo irracional y lo perturbador de lo que plantea: que alguien se vuelva de repente un brutal asesino y que no sepa explicar por qué lo ha hecho.

En la película aparecen también mi venerada Michelle Williams y mi odiada Jena Malone, esta última interpretando a Becky, la drogata novia de Leland. "No quiero hacerte daño, ¿vale?", le dice Becky a Leland cuando rompe con él. "Pues no me lo hagas", responde el chico. Me ha gustado esta secuencia, así como la opinión de Leland sobre el amor: "No creo que sepa cuál es la definición de amor. El amor no está en el corazón. El amor está en la lengua. Es una palabra y nada más", dice. Va a ser verdad.
Pues eso, que pese a lo que opine Froid, "El mundo de Leland" es una digna, interesante y deprimente película sobre el más inexplicable sentido de la tristeza. "Comprendí que las lágrimas no podían hacer que alguien que había muerto volviera a vivir. También aprendí otra cosa sobre las lágrimas: con ellas no puedes hacer que alguien que ya no te quiere vuelva a quererte", explica Leland en off.
Y acabo por hoy con la visión que tiene Leland del mundo, con la que de repente no puedo evitar identificarme: "Yo creo que hay dos maneras de ver el mundo. Puedes ver la tristeza que hay detrás de todas las cosas. O elegir bloquearlo todo. Si no dejas que el mundo te afecte, no te partirá el corazón".
Pues mejor bloquearlo todo, ¿no?
FUNDIDO A NEGRO
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