04 Noviembre 2005

75. Fallos de raccord. EXT./NOCHE



En el cine, el término raccord hace referencia a cualquier elemento de continuidad entre dos o más planos. Un raccord correcto genera una coherencia global entre todos los componentes, técnicos (luz, audio...) y argumentales (vestuario, atrezzo, posiciones de los actores...), que forman parte de una secuencia.

Arriba, veis un claro ejemplo de fallo de raccord en uno de mis cortos, "Lluvia". Durante su diálogo con Paqui, Raúl fuma constantemente, pero el tamaño de su cigarro varía sin justificación alguna entre unos planos y otros. Así, el cigarrillo crece, decrece y vuelve a crecer sin orden ni concierto. Un delirio.

En un punto concreto del diálogo, el cigarrillo está como en el primer fotograma y, diez segundos después, aparece como recién salido de la caja, sin que en ningún momento se haya producido un salto temporal en la acción y sin que hayamos visto a Ráúl encender un nuevo cigarro. Esto es un fallo de raccord. Y la función del script o de la script (normalmente son mujeres las que desempeñan este cargo) es evitar este tipo de cagadas.

Y es que recuerdo que se me fue mucho la pinza. Raúl se fumó ocho o nueve cigarros durante la grabación total de la secuencia, así que aquello fue una locura. Y yo era demasiado necio por esa época (un poco más necio que ahora) como para prever los problemas que los dichosos cigarritos me causarían en el montaje. Cuando, entre toma y toma, un cigarrro se acababa, yo le decía a Raúl como si nada: "Pues enciende otro".

Y gracias a que los pulmones del pobre Raúl se intoxicaron en grado sumo aquella noche por culpa de lo que decía mi estúpido guión, aprendí que, en esto del raccord, el tamaño sí que importa, al menos el de los cigarrillos...

Lo que me consuela es que estos gazapos son habitualísimos en las películas, incluso en las más costosas superproducciones. Cazar fallos de raccord es divertido, agiliza la capacidad de observación. El cine se humaniza a través de ellos y de la imperfección que representan.

Hablando de Raúl, el miércoles pasé un rato con él. Hacía un montón que no nos veíamos, y en un par de horas nos pusimos al día de nuestras respectivas vidas. Lejana ya la resaca del increíble éxito de "La fiesta" y tras algunas pequeñas intervenciones en "Un paso adelante", "Los Serrano" y la recién estrenada "Sinfín", me encontré con un Raúl tan desastroso y encantador como siempre, pero muy sereno, bromista, contento, descontaminado de las envidias y rencillas propias de su oficio y muy satisfecho con lo que está haciendo.



Ahora mismo, Raúl actúa en un flamante montaje de la "Salomé" de Oscar Wilde, dirigido por el legendario Miguel Narros y actualmente de gira por provincias. A partir de febrero, la obra se representará en Madrid, en el Teatro Albéniz. Entre sus compañeros de reparto están María Adánez, Elisa Matilla y un Millán Salcedo que, según Raúl, cambia totalmente de registro y sorprende mucho en la piel de Herodes.

En el teatro, los fallos de raccord no existen. Si sobre el escenario te fumas un cigarro, pues te lo fumas hasta que se acaba. Y punto. Nadie te pide que cortes y vuelvas a empezar. Qué suerte.

De todos modos, los fallos de raccord están en todas partes. Yo mismo soy un fallo de raccord. Carezco de coherencia, de sentido de la continuidad. Ahora me río y enseguida quiero llorar. Ahora pienso algo y, un segundo después, cambio de idea. Ahora siento esto, ahora ya no lo siento.

Se precisa script para mi vida cotidiana. Urgente. Mandad foto y curriculum. Se valora experiencia previa en rodajes infernales.

FUNDIDO A NEGRO