29 Octubre 2005

73. Eligiendo ataúd. INT./NOCHE



En la foto, Toño, Rous y León en una secuencia de "En otra vida" que grabamos en el Cementerio de La Almudena. Después de hacer algunas averiguaciones, descubrimos que es muy complicado conseguir permiso para grabar en el cementerio y que, en el caso de que te concedan ese permiso, te exigen un abultado desembolso económico, así que, como quien no quiere la cosa, nos perdimos entre los múltiples senderos de lápidas y, con un equipo mínimo, nos la jugamos a la hora de registrar los planos que necesitaba.

Fue un poco estresante aquello. Cuando veíamos que algún coche se acercaba, escondíamos como podíamos el trípode con la cámara y disimulábamos patéticamente. Y yo vaticiné varias veces que en cualquier momento llegaría alguien de seguridad y nos expulsaría como perros o nos encerraría en un calabozo, pero finalmente salimos airosos.

"En otra vida" es un cortometraje sobre la muerte, sobre su irreversibilidad y su contundencia, sobre lo injusta que resulta cuando llega en la juventud, sobre el desamparo que provoca en aquellos familiares y amigos que continúan viviendo, sobre esa afirmación que, tiempo después de la grabación del corto, haría el personaje de Virginia Woolf en "Las horas": "Alguien tiene que morir para que los demás apreciemos la vida".

Ahora que se acerca el día festivo en el que se rinde homenaje a la memoria de los difuntos, me doy cuenta una vez más de que la gente no tolera que le hables de la muerte. Para muchos, hablar de ella equivale a un mal fario; piensan que es tétrico o macabro. Cucún tampoco soporta que le mencione siquiera el tema. Pero a veces le pregunto si irá a mi entierro y qué ropa se pondrá para tan especial día...

Froid me enseñó hace mucho una foto del ataúd en el que quiere que le entierren, uno muy elegante en madera negra y con doble colchón, por aquello de estar cómodo. Parecía acogedor y confortable... Me entraron hasta ganas de tumbarme en él y dormir una siesta. Según me contó Froid, el último grito en ataúdes es un modelo que incluye una ruidosa sirena de alarma, para que puedas avisar desde dentro si te entierran vivo y te despiertas horas después... Gran acierto.



A ratos, yo también me planteo cómo será mi ataúd, quiénes acudirán a mi entierro y quiénes no, quiénes llorarán y quiénes, en cambio, mantendrán la compostura o me olvidarán rápidamente. Son pensamientos que no puedo evitar. Qué chorrada eso de creer que tardarás más en palmar si no hablas de ello... La vida remite constantemente a la muerte y mil cosas mueren a tu alrededor cada día: un estado de ánimo, una amistad, un vínculo, una convicción, una idea, un proyecto...

No deja de resultar paradójico, por otro lado, que la víspera del día de los muertos sea casi mi noche favorita del año desde que era un niño. Y todo por culpa del cine. La celebración de Halloween era antes una costumbre meramente yanqui, pero, a día de hoy, parece brutalmente implantada en el resto del mundo. Yo descubrí la fiesta de Halloween en "E.T. el extraterrestre".

Es en la noche de Halloween cuando E.T. y Elliott cruzan la luna en bicicleta... Y de pequeño (bueno, ahora también), yo quería ser Elliott y golpear las puertas de mis vecinos gritando eso de "¿Truco o trato?", pero, hace veinte años, esos vecinos me habrían abofeteado sin compasión. Por niño gilipollas. Por peliculero.

Creo que en la próxima noche de Halloween, dentro de un par de días, visitaré a mis vecinos de Vallecas. "¿Truco o trato?", les ofreceré desde el umbral de la puerta. Y una de dos: o me siguen el juego o me clavan un navajazo bien clavado... Venid a vivir a Vallecas. It's a nice place to live!

Ahora que lo pienso, esa noche también puedo usarla para llevar a cabo un ejercicio menos arriesgado: invocar el espíritu de la niña que habita en mi casa, la niña de la comba. Hace ya unas semanas que la chiquilla no se manifiesta... ¿Dónde andará? Mierda, ha sido nombrarla y ya empiezo a escuchar el leve sonido de una comba rozando el parqué...

FUNDIDO A NEGRO