19 Octubre 2005

69. Correr detrás. EXT./DÍA



Hoy he vuelto de Alicante, ciudad a la que viajé ayer para participar en las VII Jornadas Informativas "Discapacidad, al día", organizadas por la sede de COCEMFE en esta provincia de la Comunidad Valenciana. Como ya comenté hace unos días, formé parte de una mesa sobre medios de comunicación y discapacidad, para aportar, en teoría, mi vivencia como niñato en silla de ruedas que se dedica a esto del cine.

Se supone que yo, sobre aquel escenario, tenía que pronunciar algo parecido a una ponencia y luego dar paso a la proyección de "Vuelco". Me acompañaban en la mesa Begoña Echevarría, profesora en la Universidad Cardenal Herrera CEU, y José Requena, jefe de informativos en Onda Cero Alicante. Ambos llevaron a cabo unas ponencias impecables sobre el tratamiento, correcto o incorrecto, que los medios de comunicación brindan a las personas con discapacidad. La profesionalidad y las tablas en estas lides de Begoña y José se encargaron de agravar mis nervios...

Pavor escénico

Y es que no consigo superar mi miedo escénico. Me llevé cinco folios con un resumen de mi trayectoria, algunas anécdotas, mi opinión sobre esto y lo otro, mis intenciones con "Vuelco"... Durante el largo trayecto en tren rumbo a Alicante, repasé mucho los papeles, hice esquemas para ordenar ideas y demás, pero cuando comencé a hablar, supe que no contaría ni un quince por ciento de lo que había preparado.

Hablar ante un público me anula, me bloquea, me transforma en una versión histérica de mí mismo. Y mi voz se quiebra. Ayer me salieron gallos, muchos gallos. "Normalmente me salen gallos, pero no tantos", comenté sin más remedio al público. Y la gente se rió...

De todos modos, creo que más o menos salvé la papeleta, que los asistentes siguieron con atención mis incongruencias y que les caí medianamente bien. En una entrevista, soy capaz de dar el pego, respondo brevemente a las preguntas y aguanto el tipo, pero el hecho de tener que hablar ayer fluídamente a lo largo de veinte minutos me generó un vértigo especial.

En cualquier caso, después de la orgía de gallos, los asistentes a las Jornadas vieron "Vuelco". Y aplaudieron y me felicitaron. Lo típico. Una mujer con muletas me dijo algo como: "A ver cuándo haces una película con cojos como yo". Minutos después, un señor mayor se acercó a mí y, en referencia al final del corto, me comentó: "Yo no habría dejado que la muchacha se marchara, habría echado a correr detrás de ella".

Las chicas de COCEMFE-Alicante

Lo mejor del breve viaje (aparte de alojarme en una gigantesca habitación del increíble Hotel Spa Porta Maris, con espectaculares vistas al Mediterráneo) fue conocer a las cinco chicas que trabajan en COCEMFE-Alicante: Virginia, Noelia, Paqui, Merche y Cristina.

Me trataron excepcionalmente bien y me gustó conocer un poco el trabajo que realizan en el lado más reivindicativo de la vida, luchando con simpatía por un mundo más justo en el que no existan las causas perdidas y lidiando con las obtusas mentes políticas que racanean el dinero que deberían destinar a proyectos muy necesarios. Abajo, de izquierda a derecha, Cristina, Noelia, Virginia y Merche.



Pasé mucho tiempo sobre todo con Virginia y con Noelia, dos tías geniales con un incansable sentido del humor. Virginia también me rescató cuando casi me quedé atrapado en el baño... femenino. "El aseo de las chicas es más amplio", me aseguró Virginia. Y allí me fui, pero por culpa del pestillo casi no salgo. "El ponente se encuentra atrapado en el aseo femenino", habrían explicado un rato más tarde a los asistentes a las Jornadas.

Virginia y Noelia incluso se ofrecieron como actrices para futuros proyectos. No sé cómo degeneró mi conversación con ellas, pero cometí el error de hablarles de mi distorsionada visión sobre las mujeres. "En mis cortos, las mujeres siempre salís mal paradas, siempre hacéis sufrir a los chicos, os marcháis y nos dejáis solos", afirmé. "¿Y a ti qué te han hecho las mujeres para que pienses eso?", me preguntó Noelia. Ay, Noelia, si yo te contara...

En fin, vaya tontería la mía, porque en el fondo sí que creo que tiene mucha razón el señor ese que, al hilo del final de "Vuelco", me vino a decir que hay que correr detrás de lo que uno quiere, porque si no, se esfuma o se va lejos. El error es quedarse quieto, inmóvil, paralizado mientras ves cómo lo que deseas se evapora para siempre. Yo, por primera vez en mucho tiempo, siento que estoy corriendo detrás de alguien...

FUNDIDO A NEGRO