Entrevista
- Madrid, 26 de julio de 2005
1. Desde tu experiencia en el mundo del cine y del audiovisual, ¿crees que las personas con discapacidad tienen una presencia significativa en este campo? No, creo que es evidente que no. Que yo sepa, no hay en España ningún caso como el mío, de alguien en silla de ruedas que esté dirigiendo cine. Hace poco sí que llegó a mis manos el curriculum de un chico tetrapléjico que es actor y luego, claro, también está el caso de Paloma Soroa, la joven actriz sorda que protagoniza mi corto "Vuelco". 2. En tu opinión, ¿qué tipo de medidas se deberían adoptar desde las administraciones a fin de favorecer una mayor integración laboral de este colectivo? No lo sé bien. En el mundo audiovisual hay muchos cargos que podrían ser perfectamente cubiertos por personas con discapacidad, pero una cosa es querer ser ayudante de realización de montaje y otra muy distinta aspirar a dirigir cine o ser guionista. Cuanto más creativa sea tu aspiración, menos tiene que ver con la formación con la que uno cuente y más con la autodeterminación y la persistencia personal. Para mí, escribir o dirigir cine es un acto de pasión, fruto del hecho de sentir que no puedo dedicarme a otra cosa. Si yo buscara simplemente un sustento de vida y me diera igual uno que otro, no me dedicaría a esto, porque, seas discapacitado o no, ésta es una carrera de fondo, muy frustrante, repleta de obstáculos y decepciones y muy poco rentable en sus comienzos. Es decir, hacer cine no es un capricho ni algo que se pueda estimular desde las administraciones. No es que uno se despierte un día y piense: “Pues mañana voy a dirigir una película”, porque así también se le pierde el respeto a un arte que me parece extremadamente difícil y que no es ningún juego para pasar al rato. El hecho de que yo me dedique a esto no tiene ninguna relación con mi discapacidad; es una meta de Roberto, no de la silla de ruedas de Roberto. Luchar por conseguir producción y financiación para un proyecto, aunque sea de cortometraje como en mi caso con “Vuelco”, es un proceso lento, complejo, costoso y cansino. Es algo que tienes que desear profundamente o tirarás la toalla a la primera de cambio, así que, en definitiva, todo se reduce a “haz lo que sientas que debes hacer” y esto vale para todo y para todos. Discapacitado o no, si deseas fervientemente expresarte a través de una cámara, prepárate, intenta aprender y hacerlo bien y no desistas, pero si no lo sientes ni te nace, no hay medida institucional que valga o que te anime a ello. 3. A lo largo de tu trayectoria profesional, ¿has tenido contacto directo con alguna persona con discapacidad y qué nos puede contar acerca de esa experiencia? Mi primer contacto ha tenido lugar a través de Paloma Soroa, la joven actriz sorda que protagoniza "Vuelco". Tras terminar de escribir el guión, tengo que reconocer que mi primera intención fue encontrar una actriz oyente que se aprendiera su texto en lengua de signos para interpretar así a la protagonista femenina del corto. Sinceramente, yo creía que iba a ser muy complicado encontrar a una chica sorda que se ajustara al perfil de edad y físico del personaje y que además fuera capaz de afrontar una interpretación dramática y una dinámica de rodaje en cine. Después de mucho pensarlo, decidí que el corto resultaría mucho más auténtico y honesto con una protagonista realmente sorda y nos lanzamos a la búsqueda de candidatas. Por suerte, muy pronto apareció Paloma y todos mis miedos se esfumaron. Ya en los ensayos, me di cuenta de la abrumadora soltura con la que Paloma se colocaba ante la cámara y desempeñaba su papel, y eso que no contaba con ninguna experiencia audiovisual previa. Durante el rodaje, nos acompañaron dos intérpretes de lengua de signos que me ayudaban a comunicar rápidamente todo lo que necesitaba decirle a Paloma, y lo cierto es que, media hora después de empezar a rodar, ella ya parecía toda una actriz experta. Se acostumbró muy rápido al funcionamiento de un rodaje. También diseñamos un pequeño código de tablas de colores (una para "Prevenidos", otra para "Acción", otra para "Corten"...), mediante las que Paloma siempre era consciente de cuándo debía comenzar a actuar y de cuándo cortábamos. Fue muy fácil trabajar con Paloma y resultó una experiencia muy enriquecedora para mí y para el resto del equipo. Todos los que ven el corto coinciden al afirmar que su interpretación es brillante. 4. El mundo del cine y la televisión suele reflejar los gustos e inquietudes de la sociedad. ¿Crees que se debería dar mas presencia a la discapacidad en la pequeña y la gran pantalla a fin de “normalizar” su presencia en la sociedad? Sí, pero para lo bueno y para lo malo. Es decir, "normalizar" significa conseguir que personajes discapacitados aparezcan en todo tipo de productos audiovisuales, integrados en tramas y argumentos de cualquier género. Como en todo, la discapacidad en el cine suele estar asociada a tópicos y tratamientos sesgados. Si queremos "normalidad", debemos a aspirar a historias que vayan más allá de mostrar a personajes discapacitados indefensos, buenos por naturaleza, víctimas del sistema e inmersos en manidas historias de superación. La discapacidad debe ser una característica más de los personajes. Y nadie tiene que echarse las manos a la cabeza por el hecho de que en una película aparezca un parapléjico pederasta, un sordo asesino en serie o, por referirme al caso reciente de la magnífica película "Million dollar baby", una boxeadora tetrapléjica que no desea seguir viviendo. Creo que la susceptibilidad a flor de piel que suele irrumpir en estos casos no genera ningún bien ni son eficaces en pos de esa "normalidad" que se persigue, más bien todo lo contrario. Si una historia la protagoniza un sordo asesino, no se está llamando asesinos a los sordos por ello. Las historias de ficción son eso, ficción, y yo al menos no me doy por aludido con nada. Me parece una pérdida de tiempo y de energía, pero he escuchado muchas veces casos de colectivos que ponen el grito en el cielo ante cualquier mínimo retrato desfavorecedor. Si se quiere normalidad, se debe pedir normalidad con todas las consecuencias. Y la discapacidad debería ser sólo una faceta más, con mayor o menor importancia, dentro de la multidimensionalidad y la riqueza de cualquier tipo de personaje. Uno de mis próximos proyectos gira en torno a esto y espero que resulte rompedor y que elimine una buena cantidad de tópicos relacionados con el mundo de la discapacidad. 5. Desde un punto de vista más personal, ¿cómo ves la situación de las personas con discapacidad en nuestro país? Las circunstancias particulares de cada persona con discapacidad son un mundo, por lo que no soy capaz de hacer ningún balance general. Yo nací en Lanzarote, una isla muy pequeña y plagada de barreras arquitectónicas. En un contexto así, tu discapacidad se hace mucho más visible y patente. Tras estudiar en Salamanca, ahora vivo en Madrid desde hace cinco años y mi silla de ruedas es más llevadera en una ciudad como ésta, aunque quede mucho por hacer. En mi caso, intento pensar en mi discapacidad lo menos posible, y me aburro hablando de ello. No tiene mucho sentido debatir y debatir sobre lo que no puedes cambiar, que en mi caso es el hecho de que voy en silla de ruedas. Mi grupo de amigos está compuesto por gente no discapacitada. No ha sido nada premeditado, pero se ha dado así y creo que para mí tiene mucho de positivo. No formo parte de ninguna asociación y lo mío siempre ha sido una lucha individual. Cuando he necesitado algo, he ido a por ello y he dado la lata hasta conseguirlo. He aprendido a no esperar nada de nadie, aparte de mi familia y amigos, y a que nadie me resuelva ninguna papeleta. Quizás suena demasiado radical o desencantado, pero creo que, en el fondo, todo es así. 6. ¿Que valoración puedes hacer de la labor de las entidades del movimiento asociativo a favor de los colectivos en riesgo de exclusión social (inmigrantes, discapacitados...)? No estoy demasiado al tanto del movimiento asociativo en España, pero está claro que cualquier valoración siempre será positiva. Creo que de verdad en el mundo hay mucha gente bienintencionada dispuesta a luchar por los derechos de aquellos que no están en igualdad de condiciones, aunque a veces no lo parezca ni por asomo. Quizá la mayor función de una asociación de este tipo debería ser la de orientarte para saber lo que necesitas e informarte de cómo conseguirlo. Al menos es lo que yo he necesitado a menudo, aunque mi experiencia personal al respecto no ha sido demasiado gratificante que digamos. Cuando me
mudé hace cinco años a Madrid, llamé y escribí
a varias asociaciones de discapacitados para que me orientaran sobre
cómo encontrar un alojamiento adaptado o un piso adaptado para
alquilar, y me encontré con un panorama desolador. Gasté
mucho teléfono y nadie me proporcionó ninguna información
sólida, algo que me pareció increíble en una ciudad
como Madrid. Al final, nuevamente, me tuve que buscar la vida yo solito
para no tener que dormir debajo de un puente. |